Ponencia:
LA GESTIÓN DE LA DIVERSIDAD FUERA DEL
AULA ORDINARIA
Ismael Palacín
Educador y Director de Programas de Formación e
Inserción en el Casal dels Infants
del Raval
La implantación de la LOGSE
ha supuesto para muchas escuelas e institutos un estímulo -y una presión- para
afrontar la diversidad y encontrar nuevos modelos e iniciativas. La escuela se
ha convertido en un espacio más imprescindible que nunca para resolver muchas
de las cuestiones clave de nuestra sociedad. Los centros se encuentran con una
tensión entre las demandas de polivalencia y de especialización. Polivalencia
para asumir con flexibilidad la demanda inflacionista de funciones que nuestra
sociedad deposita en ella. Especialización porque ha de responder
intensivamente a necesidades muy concretas y heterogéneas que pueden crear
malestar en el centro o desventajas serias para la participación de algunos
alumnos. La preparación de los profesionales, el proyecto educativo del centro
y nuevas formas de organización y gestión del curriculum
son los principales recursos que han permitido superar esta tensión.
Posiblemente nunca habíamos
podido disponer de tantas capacidades para gestionar esta diversidad como
ahora, tanto en términos de la preparación y formación específica de muchos
maestros y profesionales de la educación como del bagaje de experiencias
innovadoras en estos últimos años. Pero a lo mejor el reto de la escuela nunca
había sido tan complejo. Es en este contexto en el que nos planteamos no sólo
la coordinación en red o acciones de colaboración con otros agentes educativos
del territorio, sino otras acciones para trabajar de forma compartida algunos
aspectos de la diversidad.
¿Cuál es el aspecto de la
diversidad que preocupa a los centros ? Sin duda
son muchos, y la mayoría pueden generar una respuesta con los propios recursos,
pero si nos guiamos por las demandas que los institutos de secundaria hacen a
las entidades y actores con quien colaboran podemos destacar:
· La atención a aquellos alumnos con
conductas y actitudes que hacen que su estancia en los institutos sea
insostenible, o de los que muestran señales de desarrollarlas en un futuro.
· Las situaciones que ponen a prueba la
flexibilidad y polivalencia de los centros (especialmente la llegada de alumnos
inmigrantes recién llegados o las cuestiones relacionadas con la convivencia).
· La disparidad de intereses y necesidades
de muchos alumnos.
· El riesgo de rupturas en las diversas
transiciones que deben hacer los alumnos (la incorporación de nuevos alumnos a
las transiciones interciclos, a la formación postobligatoria y al mundo laboral)
· Algunas necesidades derivadas de
situaciones familiares o del entorno del alumno que dificulten su escolarización.
Una de las iniciativas más
conocidas que vale la pena discutir como antecedente han sido las Unidades de
Escolarización Compartida. La constitución de las UEC, como solución en el
período de implantación de la LOGSE ha permitido dar respuesta a aquellos
alumnos que necesitaban una escolarización en un entorno curricular
diferenciado de forma temporal o, ocasionalmente, compartido con el IES. Las
UEC atienden a algunos adolescentes para los que su relación con la institución
escolar se ha vuelto inviable en un momento dado.
Al mismo tiempo, sin
embargo, los retornos al instituto son muy difíciles y el posicionamiento hacia
la escuela y el aprendizaje de los alumnos en el momento de llegar a la UEC ya
está muy deteriorado. Es necesario comprender qué parte de este modelo de
recurso debe evolucionar porque existe el riesgo de que supongan una red
paralela que difícilmente comparte la
escolarización con el instituto, aprovechando aquellos aprendizajes y modelos
que se pueden capitalizar.
Otra mirada se dirige a
vincular los centros a los recursos del territorio. En los barrios y ciudades
donde se sitúa un instituto y sus alumnos existe un potencial de entidades,
organizaciones y agentes sociales que también constituyen la vida social de
éste. Algunos de estos tienen capacidades para convertirse en aliados que
ofrezcan recursos útiles en los centros escolares que quieren disponer de más
herramientas y superar algunas de las limitaciones propias de un centro de
secundaria en infraestructura, personal especializado, flexibilidad o
diversificación en la oferta de actividades. La conveniencia de territorializar las actuaciones de adecuación curricular y
escolarización compartida puede permitir aprovechar todo el potencial para
generar soluciones que el propio entorno ofrece al alumnado. La densidad y
calidad de instituciones y entidades de un territorio son variables, y
determinará en gran medida la posibilidad de que el centro los active y que
formen parte de su red educativa.
Esta línea de actuaciones puede permitir:
· Incrementar y crear nuevos “espacios
intermedios” entre la inclusión y la exclusión escolar para aquellos alumnos
con graves dificultades de adaptación a los centros. Estos recursos han de
permitir diversificar la forma de estar en un centro y hacer un itinerario
personal sin que ello suponga crear una línea diferenciada o provocar una
ruptura.
· Hacer converger los objetivos de las
entidades y actores del territorio con los del instituto. Los centros pueden
ser el eje de muchos agentes educativos si éstos saben ofrecer al centro
recursos adecuados.
· Compartir recursos. Las entidades y
actores del territorio pueden constituir un “servidor de recursos” a las
necesidades de flexibilidad y especialización concretas de los centros.
· Incrementar la intensidad y diversidad
de respuestas que los institutos gestionen.
La primera experiencia de
Actividades de Educación Compartida, recientemente iniciada en Barcelona, puede
ser un ejemplo para experimentar formalmente esta línea de trabajo. Cada centro
y cada territorio generarán un tipo de necesidades, pero la diversidad de
respuestas en la educación compartida debe poder especificarse en un modelo que
establezca unos criterios, unas garantías y unos marcos para trabajar estas
actuaciones. Este marco ha permitido no sólo aprovechar los recursos existentes
y activar otros nuevos, sino también asegurar que las iniciativas de gestión de
la diversidad formen parte de un proyecto de centro que resalte la función
escolar en lugar de diluirla o fragmentarla en itinerarios segregadores.