Ponencia inaugural:
LA CULTURA ESCOLAR
Y LA LUCHA POR EL RECONOCIMIENTO Y LA REDISTRIBUCIÓN: IMPLICACIONES PARA LA
VIDA COTIDIANA EN LOS CENTROS ESCOLARES
Jurjo Torres
El término multiculturalismo destapa la existencia de una sociedad en la
que existe conflicto entre comunidades que poseen culturas específicas que
rivalizan entre sí, que no se aceptan mutuamente, sino que mantienen grados
importantes de conflicto y lucha por tratar de ser tenidas en consideración,
por alcanzar un reconocimiento positivo. La aparición del concepto
multiculturalismo responde a las estrategias que las sociedades desarrollan
para responder a la pluralidad y evitar la rivalidad y el conflicto entre
comunidades culturales y políticas que comparten un determinado territorio.
Ante la diversidad cultural que va a caracterizar el encuentro entre
pueblos y colectivos sociales que vinieron viviendo aisladamente, pero que
ahora se ven forzados y/o estimulados a convivir, la institución escolar puede
optar por tres diferentes modelos con los que afrontar esta situación: 1) la
asimilación, 2) la aceptación de un pluralismo superficial, o 3) una educación
multicultural crítica.
Es imprescindible preguntarse qué tipo de políticas culturales y
económicas son aquellas que permiten reconocer identidades y valorar las
diferencias que no atentan contra los derechos humanos. Algo que conlleva poner
de manifiesto la continua reelaboración de las identidades
a través de mestizajes enriquecedores o de procesos de interculturalismo;
es decir, asumir que las identidades son procesos abiertos, que deben servir
para enriquecer a aquellos otros colectivos diferentes con los que se comparte
un territorio. Es imprescindible, por tanto, tratar de conformar sociedades en
las que el multiculturalismo no se apoye en discursos y prácticas esencialistas y que, al mismo tiempo, se vivan como un
compromiso por hacer sociedades más justas e igualitarias. El sistema educativo
en todos sus niveles tiene que prestar atención a los niveles de intolerancia
que se pueden llegar a promover, en la medida que se oculten, distorsionen o
difamen culturas, creencias, costumbres, aspiraciones de colectivos humanos,
cuyos miembros tienen derecho a convivir en cualquier lugar de este planeta.
Apostar por una educación multicultural crítica nos obliga a asumir
un triple compromiso:
A) contribuir al reconocimiento público de los grupos oprimidos, luchando
contra su silenciamiento o la denigración de las personas que los integran
sobre la base de distorsionar su historia o exaltar sólo la cultura de los
grupos dominantes;
B) promover la tolerancia y el respeto mutuo como valores idiosincrásicos
de la ciudadanía democrática, y,
C) facilitar la comprensión de las situaciones de exclusión y marginación
social destacando cómo las estructuras económicas y políticas generan y
reproducen tales situaciones, en la medida al tiempo que benefician a unos
colectivos, perjudican a otros.
Plantearse una filosofía educativa obliga asimismo a tomar en consideración
las posibilidades que ofrece el marco legislativo que ordena el Sistema
Educativo. La nueva Ley Orgánica de Calidad de la Educación es previsible que
condicione de manera importante el trabajo de los centros escolares también en
esta línea de trabajo de compromiso con los colectivos sociales inmigrantes.
No podemos ignorar que el Gobierno del Partido Popular está empeñado en una
radical reestructuración del sistema educativo, conforme a las dos grandes
líneas ideológicas que dominan en su interior: la neoliberal y la conservadora.
La reestructuración neoliberal marca la nueva Ley en el sentido de acentuar
la aceleración de la conversión del sistema educativo en un mercado. Las
políticas de privatización y de elección de centros cobran un nuevo auge, lo
cual incita a desvirtuar las instituciones educativas hasta llegar a
convertirlas en clubes.
La ideología conservadora del Partido Popular es la que explica la obsesión por
el control de los contenidos que se trabajan en las aulas. No debemos olvidar
la obsesión por revisar los contenidos mínimos de todas las áreas de la
Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato y, la que ya anuncian, de
Educación Primaria y de las nuevas materias de la ESO. Tratar de controlar los
contenidos, pretendiendo imponer un "conocimiento oficial" es algo
que puede condicionar el trabajo en las aulas hasta extremos muy importantes,
especialmente si tenemos presente que en la LOCE ya declaran que pretenden acentuar
los procesos de evaluación externos del Sistema Educativo.
La apuesta por una política de estándares para evaluar el trabajo del
profesorado y del alumnado en las diferentes áreas y asignaturas del curriculum que llevará adelante el nuevo Instituto Nacional
de Evaluación y Calidad del Sistema Educativo (Art. 94), además de suponer un
mayor control por parte de la Administración, es muy probable que acabe
dictando a los centros los contenidos y qué perspectivas de estos son las que
merecen la pena.
El lenguaje de la estandarización, con el que va a funcionar este
Instituto, aparece pretendiendo denotar una preocupación por las dimensiones de
equidad y justicia social, asegurando que todas las niñas y niños reciben la
misma educación. Pero detrás de este tipo de propuestas se oculta otra
filosofía completamente diferente. Una ideología que apuesta por un mayor
control y jerarquización del sistema educativo. Las
políticas de estándares construyen una estructura muy jerárquica de poder y
acaban promoviendo una fuerte dualización en el sistema escolar, con centros
escolares que acaban acogiendo a los buenos estudiantes y centros en los que se
concentra el alumnado más problemático y que acostumbra a pertenecer a familias
trabajadoras, a etnias minoritarias sin poder e inmigrantes pobres.
Hay tres grandes transformaciones
que tienen lugar cuando las administraciones optan por políticas de control
basadas en metodologías de evaluación sobre la base de indicadores o estándares
de calidad.
1. Se produce un desplazamiento en el eje de la toma de decisiones. Las
resoluciones sobre la enseñanza y el aprendizaje son decididas, en gran parte,
al margen de las comunidades escolares concretas, sin la participación del
profesorado, del alumnado y tampoco de sus familias. Aparecen los expertos,
técnicos de la Administración usurpando y reduciendo el gobierno democrático de
los centros escolares.
2. Se acaba reestructurando el sistema educativo según dimensiones de clase
social, etnia y religión, ya que las decisiones técnicas y políticas
condicionarán los contenidos culturales que se trabajen en las aulas, así como
las estrategias metodológicas y las propias formas de evaluación de los
aprendizajes. Surge una educación para las élites
y otra para las minorías y grupos socialmente desfavorecidos.
3. El fuerte control externo de los centros que produce la estandarización
contribuye, asimismo, a incrementar el burocratismo.
Conviene estar alerta acerca de las políticas de evaluación basadas en
estándares, ya que con facilidad pueden ocultar finalidades no siempre
claramente explicitadas, como la ser servir de estrategia para promover que las
instituciones escolares trabajen determinados contenidos culturales y desde
ciertas perspectivas o valoraciones; o sea, pueden facilitar procesos de
adoctrinamiento, al incorporar en los tests de
evaluación que el alumnado tenga que responder a determinadas temáticas con una
concreta interpretación. Con una política de estándares como la que se propone
en la nueva Ley es muy probable que lo que veníamos denunciado como graves
silencios en el curriculum (las voces de las mujeres
sin poder, de las clases trabajadores, de las personas con minusvalías
psíquicas y físicas, de las etnias minoritarias sin poder, de las naciones sin
Estado, las culturas homosexuales, las voces del tercer mundo, las culturas
juveniles, otras concepciones religiosas distintas al catolicismo, el
ecologismo ...), no hagan sino acentuarse.
El éxito de estas políticas conservadoras de control de los contenidos dependerá
de cómo logren convencer a la población de que esas medidas
"técnicas" no tienen nada que ver con ideologías y valores, con
fomentar más un determinado tipo de conocimientos, procedimientos, actitudes y
valores en vez de otros.